Capítulo 3: Todo quiere volver
>> miércoles, 23 de julio de 2008
Patio del Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Noche
- Fue ¿La música o los hombres? – preguntó Alejandro.
- ¿La música o los hombres? ¿De qué?
- De que te aburrieras tan pronto de la fiesta – dijo sonriendo
- ¿Es muy mala la música? – preguntó un tanto decepcionada, pues más que mal, ella había seleccionado las melodías.
- Es un poco popera para mi gusto, prefiero algo más… alternativo.
Amanda no podía despegar sus ojos de él. Sentía una muy fuerte conexión, y lo había conocido tan solo hace un rato.
- No tiene caso estar cerca del bosque tan tarde ¿Quieres que te acompañe a tu habitación? – preguntó Alejandro.
- ¿Puedes? ¿No está prohibido? Por lo que he podido notar, acá las monjas son bien terribles con el tema hombre-mujer.
- No sólo con eso – murmuró riendo – Claro que puedo acompañarte, tengo una especie de Magister en “No ser visto” – le dijo guiñándole un ojo.
Tras cada palabra que decía, el muchacho le parecía más y más interesante. Ambos caminaron hacia la habitación de Amanda, Alejandro tuvo sumo cuidado en no ser visto por nadie, le hablaba de cosas banales, la entretenía, la hacía reír; finalmente llegaron a la habitación.
Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Noche
Susana charlaba con un grupo de compañeras cuando el chico más popular del internado masculino se acercó a ellas.
- Me habían dicho que en este internado habían minas lindas, pero nunca mencionaron que fueran diosas – dijo Ben coquetamente al grupo.
- ¡Ben! Que gusto que vinieras – una de las chicas se acercó coquetamente a él.
Varias comenzaron a rodearlo, incluso Susana que siempre se había sentido un tanto atraída por él. Sabía que era terreno prohibido, la historia que tenía con Antonia no se lo permitía, aunque no la conociera del todo; pero lo malo y galán que era la atraía demasiado. Matías había divisado a Susana a lo lejos y la observaba con atención.
- ¿Y quiénes son las chicas nuevas este año?
- Pues que yo sepa sólo Amanda – respondió Susana mirándolo directo a los ojos. - ¿Es tu amiga?
- Se podría decir que sí
¡Bingo! Susana se había convertido en la carta que Ben utilizaría para llegar a Amanda, siguió conversando con las chicas, pero luego de un rato se llevó a Susana a un rincón.
- Susana ¡Qué mujer estas este año! Quién se acordaría de ese pasado todo looser que tuviste.
- ¡Ay Ben! Eso es el pasado, ya no soy esa chica inocente.
- Pues deberás demostrármelo para creerte – le dijo mientras la acorralaba contra una pared.
Susana no lo pensó ni dos veces y se lanzó a besarlo, pero Ben fue abruptamente arrojado al suelo de un solo golpe. Matías se había lanzado con todo contra él.
- ¡Sáquenme a este loco! – gritaba mientras intentaba quitárselo de encima.
- Maldito, con ella ¡NO! – decía Matías mientras golpeaba a su amigo.
La chica miraba sin entender nada.
Habitación de Amanda / Internado La Forêt de Roses / Noche
- Pues yo sólo puedo llegar hasta aquí – le dijo sonriendo con los ojos.
- ¡No! Espera, tengo café y un termo; no te puede negar – una mirada coqueta terminó por convencer a Alejandro.
Entró a la habitación, la miró con cuidado.
- Sólo hay una cama – dijo.
- Pues no somos un número par, alguien tenía que quedar sola; y cómo soy la chica nueva, fui yo.
- Interesante.
Mientras Amanda se esmeraba en preparar un buen café para el chico, Alejandro aprovechó para observar toda la habitación con detalle. Siempre había sido un buen observador, asique no tardó mucho en encontrar lo que buscaba: aquél trozo de diario viejo que la chica había arrancado la noche anterior de la biblioteca. Disimuladamente se acercó al escritorio dónde se hallaba el papel junto a otras anotaciones más, y rápidamente lanzó su mano hacia la hoja, la cual fue ágilmente interceptada por la chica.
- Acá tienes – dijo ella pasándole una taza de café.
- Gracias – le respondió educadamente mientras en su mente se preguntaba si se había dado cuenta de lo que quería – Tengo que quitarle ese maldito papel, el pasado no puede salir a la luz.
Para su suerte Amanda no se había percatado de la situación, es que con cada momento que pasaba, más se sentía atraída por el chico. Alejandro por su parte decidió que tendría que usar todas las armas que poseía. No se iba a ir de esa habitación sin ese papel. Terminó su café y se acercó suavemente hacia a la muchacha.
- Estaba muy rico – le susurró.
- Ehh yo… eh… - se había quedado sin palabras.
Lentamente comenzó a acercarla hacia el escritorio. Apoyó sus manos en el mueble dejándola atrapada entre él y éste. Acercó su rostro al de ella, la chica no podía pensar, quedó en blanco. El muchacho rosó los labios de Amanda para luego darle un pequeño, pero coqueto beso en la mejilla.
- Ya es tarde, me tengo que ir. Un gusto Amanda.
Alejandro se fue a su habitación mientras palpaba con su mano el bolsillo izquierdo de su pantalón, se había salido con las suyas.
Habitación 2709 – Internado La Forêt de Roses - Mañana
Antonia fue abriendo lentamente los ojos. Ya era de día. No estaba en su habitación. Un horrendo dolor de cabeza la atormentó. Se sentó en la cama mientras se cubría con las sábanas. Escuchó correr la ducha, miró a su alrededor, intentó recordar que había pasado, pero pareciera que la mayoría de los recuerdos de la noche se habían borrado de su mente y solo se acordaba de míseros detalles. La ducha dejó de sonar.
Se levantó y comenzó a buscar por el suelo su ropa. La halló e inmediatamente se vistió.
- Al fin despertaste – dijo una voz desde el baño.
- ¿Qué pasó?
- ¿No lo recuerdas?
Del baño salió una figura femenina envuelta en una toalla. Era delgada, alta, tenía el pelo negro, y una mirada que a cualquier hombre del internado masculino le provocaría más que simples cosquillas.
- Yo… no recuerdo nada – decía mientras seguía buscando su ropa.
- Antonia ¿Qué piensas? – dijo acercándose a ella para tocarle su frente – Ya se ha pasado tu fiebre.
- ¿Fiebre?
- Sí, anoche te desmayaste, estabas con fiebre. Vomitaste y tuve que sacarte la ropa; no iba a acostarte con la ropa toda sucia.
- Yo creí que nosotras…
- Tú sabes bien lo que pienso de eso. Te dije que no intentaría nada hasta que te olvidarás de ella.
- Sabes que eso es casi imposible.
- Tan sólo quiero que lo superes, entiende que no volverá.
- Si lo hará – dijo enojada mientras se ponía su ropa.
- ¡Supéralo de una vez!
- Nunca entenderás lo que es ella para mí.
Antonia abandonó la habitación un tanto molesta, dejando a Kate Grant a medio vestir.
Habitación de Amanda / Internado La Forêt de Roses / Mañana
Amanda buscaba desesperadamente el trozo de diario que había arrancado.
- ¡No! ¿Dónde lo dejé? Sé que debe estar por aquí. – dijo para sí misma - Siento que estoy cada día más cerca de la verdad.
Sacó de lo más profundo de su closet una cajita de madera, en su interior había un cuadernito negro lleno de anotaciones sobre una noticia ocurrida el 17 de Mayo.
“Chico desaparece misteriosamente” “La sombras del bosque se llevaron el alma de joven de 17 años” “Extraña muerte de joven pone en aprietos a los internados más prestigiosos del país”
Eran parte de los numerosos títulos de las noticias de diarios sensacionalistas del país. Sebastian Dávila desapareció la noche del 17 de Mayo hace aproximadamente dos años, el cuerpo nunca fue hallado y los sospechosos que nunca fueron anunciados a la luz quedaron en completa libertad. Ni la prensa ni las autoridades pudieron indagar sobre el tema. Los internados y sus grandes influencias en el país lograron opacar el suceso de cualquier modo. Pero para Amanda la desaparición de su hermano la había llevado investigar todo sobre el tema, no se rendiría hasta encontrar a los culpables de su muerte y sabía que su única opción había sido ir a meterse al internado.
Salió de su habitación en el preciso momento en que dos muchachas pasaban conversando.
- Últimamente se han estado reuniendo todos en el Patio Comunitario – comentaba una
- Te apuesto a que solo los más minos van para allá.
¡Alejandro! Pensó. No había parado de soñar con el toda la noche, deseaba con tantas ganas verlo. Caminó por los pasillos cuando chocó con una chica que estaba abandonando su habitación.
- El Patio Comunitario, ¿Sabes cómo llegar? – preguntó Amanda.
- Yo que tú no me iría meter a ese lugar ¿No eres la amiga de Antonia? – preguntó Kate.
- ¿Amiga? Sí, se podría decir, pero no, no la he visto – parecía bastante alterada.
- Te daré un buen consejo, sea cual sea la razón que tengas para ir allá, no vayas.
Amanda la miró con extrañeza y prosiguió su camino en busca de alguien que le dijera como llegar al lugar.
Habitación de Antonia / Internado La Forêt de Roses / Mañana
- ¿Dónde habías estado? – preguntó enojada Susana al ver entrar a Antonia a la pieza.
- Es que yo… fui a buscar a Kate anoche y…
- En fin, cuento tuyo; anoche Ben Frost, el guapísimo Ben Frost, se peleó a combo limpio con un mino de por ahí; y ¡Todo por mí! – comentaba Susana mientras se dejaba caer en su cama - ¿Lo puedes creer? Por mí.
- Ya sabes mi opinión sobre ese tipo.
- Sí, pero nunca me has dicho por qué; así que yo ya decidí y Ben me parece un buen tipo.
- ¡Rayos! Lo olvidé completamente.
- ¿Qué?
- Nada importante, es sólo que tenía que juntarme con alguien hoy.
Antonia apresuradamente salió de la habitación, hoy era su reunión con la “Misteriosa Sombra”, que días atrás había visto a Amanda indagar sobre asuntos que no le correspondían. Caminó tan rápido como pudo para llegar al “Patio Comunitario”.
Patio Comunitario / Internados / Medio Día
Amanda recordó la noche anterior. Alejandro. Algo había en él. A pesar de haber conversado muy poco, le pareció una persona muy distinta, en el buen sentido. No era como todos los chicos que vio en la fiesta, que parecían más interesados en llevarse a las minas a lugares oscuros, que conversar con ellas. Algo en su corazón la impulsó a ir al Patio Comunitario, a pesar de que fue advertida por varias personas, incluyendo a Antonia quien le dijo en reiteradas ocasiones que se mantuviera alejada del lugar. Pero al Patio iban los más osados, y tenía toda la esperanza de encontrar a Alejandro ahí.
Le tomó unos quince minutos llegar, se le hizo fácil luego de haber obtenido las indicaciones de “cómo llegar”. Se fue por unos matorrales sin que nadie la viera, o eso creyó ella. Al llegar quedó impresionada.
No era tan alegre como se lo imaginaba; era una cancha de futbol bastante sucia y abandonada, rodeada por miles de árboles y arbusto mal cuidados. Había gente de ambos internados fumando, otros jalaban. Se podían ver numerosas parejas en situaciones bastantes comprometedoras. Era un mundo totalmente diferente al universo que se vivía en el internado.
Tímidamente, sin alejarse de los matorrales por los que llegó, comenzó a buscar a Alejandro con la mirada. Nada. Unos chicos comenzaron a pelear, el ambiente se empezó a poner muy denso. Invadida por el miedo dio media vuelta y se fue, pero un chico la agarró del brazo.
- ¿Dónde vas? – le dijo acercando su boca al oído de ella.
- ¡Suéltame!
- ¡Hey! Vaya, si eres nueva.
Amanda no dijo nada, miraba el suelo.
- ¿Qué haces solita por estos lados? ¿No te advirtieron de lo que hay por acá?... ¡Ya sé! Vienes por un poco de magia ¿no?
- Solo caminaba y llegué acá ¡Suéltame el brazo y déjame ir!
- Acá no se llega solo – Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro. Estaba bajo el efecto de varias drogas – Y las órdenes no las das tú.
El muchacho la pescó de ambos brazos y la empujó contra un árbol. Ella intentó gritar, pero él alcanzó a taparle la boca. Antes de que su mano intentara bajar por el cuerpo de Amanda, una sombra golpeó al chico en la cabeza. Al caer dejó ver a la sombra. Era Antonia con un pesado trozo de madera entre sus manos. La chica llorando corrió a sus brazos.
- Antonia yo…
- No hables, no es necesario. Vámonos de este lugar.
- Yo so… solo quería… en... encon... trar a Ale... Alejandro y… - decía llorando.
- Tranquila, escucha, sea la cual sea la razón que te trajo aquí, prométeme que no volverás. Te lo advertí, este lugar no es para ti.
Antonia cruzó miradas con Alejandro, su reunión tendría que ser en otro momento.
Pasillos / Internado La Forêt de Roses / Medio día
Regresaron al internado. Antonia dejó a Amanda en su habitación y salió a pensar. Así que conoce a Alejandro, pensó. Ahora las cosas se estaban comenzando a enredar más de lo que debían.
- ¿Y a qué había ido para allá? Antonia se volteó y vio a Kate.
- A Nada que importe realmente.
- Se veía mal cuando volvieron ¿Qué paso allá Antonia?
- Por suerte nada, gracias por avisarme que iría.
- Me imaginé que había ido sin decirle a nadie, suerte que te encontré corriendo por los pasillos, para variar, pero ¿Cómo se va a meter allá? ¿No le advertiste?
- Si lo hice, solo que quería ir donde un tal “Alejandr…”
- Hay un chico. Amanda conoció a alguien…
- El día de la fiesta, supongo.
- Y… ¿Quién es?
- No lo sé y menos me importa.
- ¿Celosa?
- ¡No! ¿Por qué dices eso?
- Por nada. ¡Ya! Para qué me pones esa cara.
- ¿Qué cara? – contestó – No he puesto ninguna cara.
- Ok, no pusiste ninguna; en fin tengo teatro, nos vemos.
Bosque de las Rosas / Internado La Forêt de Roses / Medio día
Antonia tenía muchas cosas que pensar. Decidió ir al Bosque de las Rosas, se tomó su tiempo para llegar. Se dejó caer bajo el Sauce y cerró sus ojos.
- Sigues viéndote igual de hermosa que aquella última vez qu te ví, cuando los rayos de luz que pasan por entre las hojas del Sauce – dijo una voz suave.
Antonia abrió los ojos de golpe quedando totalmente desconcertada. Isabella se encontraba ante ella.
- Fue ¿La música o los hombres? – preguntó Alejandro.
- ¿La música o los hombres? ¿De qué?
- De que te aburrieras tan pronto de la fiesta – dijo sonriendo
- ¿Es muy mala la música? – preguntó un tanto decepcionada, pues más que mal, ella había seleccionado las melodías.
- Es un poco popera para mi gusto, prefiero algo más… alternativo.
Amanda no podía despegar sus ojos de él. Sentía una muy fuerte conexión, y lo había conocido tan solo hace un rato.
- No tiene caso estar cerca del bosque tan tarde ¿Quieres que te acompañe a tu habitación? – preguntó Alejandro.
- ¿Puedes? ¿No está prohibido? Por lo que he podido notar, acá las monjas son bien terribles con el tema hombre-mujer.
- No sólo con eso – murmuró riendo – Claro que puedo acompañarte, tengo una especie de Magister en “No ser visto” – le dijo guiñándole un ojo.
Tras cada palabra que decía, el muchacho le parecía más y más interesante. Ambos caminaron hacia la habitación de Amanda, Alejandro tuvo sumo cuidado en no ser visto por nadie, le hablaba de cosas banales, la entretenía, la hacía reír; finalmente llegaron a la habitación.
Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Noche
Susana charlaba con un grupo de compañeras cuando el chico más popular del internado masculino se acercó a ellas.
- Me habían dicho que en este internado habían minas lindas, pero nunca mencionaron que fueran diosas – dijo Ben coquetamente al grupo.
- ¡Ben! Que gusto que vinieras – una de las chicas se acercó coquetamente a él.
Varias comenzaron a rodearlo, incluso Susana que siempre se había sentido un tanto atraída por él. Sabía que era terreno prohibido, la historia que tenía con Antonia no se lo permitía, aunque no la conociera del todo; pero lo malo y galán que era la atraía demasiado. Matías había divisado a Susana a lo lejos y la observaba con atención.
- ¿Y quiénes son las chicas nuevas este año?
- Pues que yo sepa sólo Amanda – respondió Susana mirándolo directo a los ojos. - ¿Es tu amiga?
- Se podría decir que sí
¡Bingo! Susana se había convertido en la carta que Ben utilizaría para llegar a Amanda, siguió conversando con las chicas, pero luego de un rato se llevó a Susana a un rincón.
- Susana ¡Qué mujer estas este año! Quién se acordaría de ese pasado todo looser que tuviste.
- ¡Ay Ben! Eso es el pasado, ya no soy esa chica inocente.
- Pues deberás demostrármelo para creerte – le dijo mientras la acorralaba contra una pared.
Susana no lo pensó ni dos veces y se lanzó a besarlo, pero Ben fue abruptamente arrojado al suelo de un solo golpe. Matías se había lanzado con todo contra él.
- ¡Sáquenme a este loco! – gritaba mientras intentaba quitárselo de encima.
- Maldito, con ella ¡NO! – decía Matías mientras golpeaba a su amigo.
La chica miraba sin entender nada.
Habitación de Amanda / Internado La Forêt de Roses / Noche
- Pues yo sólo puedo llegar hasta aquí – le dijo sonriendo con los ojos.
- ¡No! Espera, tengo café y un termo; no te puede negar – una mirada coqueta terminó por convencer a Alejandro.
Entró a la habitación, la miró con cuidado.
- Sólo hay una cama – dijo.
- Pues no somos un número par, alguien tenía que quedar sola; y cómo soy la chica nueva, fui yo.
- Interesante.
Mientras Amanda se esmeraba en preparar un buen café para el chico, Alejandro aprovechó para observar toda la habitación con detalle. Siempre había sido un buen observador, asique no tardó mucho en encontrar lo que buscaba: aquél trozo de diario viejo que la chica había arrancado la noche anterior de la biblioteca. Disimuladamente se acercó al escritorio dónde se hallaba el papel junto a otras anotaciones más, y rápidamente lanzó su mano hacia la hoja, la cual fue ágilmente interceptada por la chica.
- Acá tienes – dijo ella pasándole una taza de café.
- Gracias – le respondió educadamente mientras en su mente se preguntaba si se había dado cuenta de lo que quería – Tengo que quitarle ese maldito papel, el pasado no puede salir a la luz.
Para su suerte Amanda no se había percatado de la situación, es que con cada momento que pasaba, más se sentía atraída por el chico. Alejandro por su parte decidió que tendría que usar todas las armas que poseía. No se iba a ir de esa habitación sin ese papel. Terminó su café y se acercó suavemente hacia a la muchacha.
- Estaba muy rico – le susurró.
- Ehh yo… eh… - se había quedado sin palabras.
Lentamente comenzó a acercarla hacia el escritorio. Apoyó sus manos en el mueble dejándola atrapada entre él y éste. Acercó su rostro al de ella, la chica no podía pensar, quedó en blanco. El muchacho rosó los labios de Amanda para luego darle un pequeño, pero coqueto beso en la mejilla.
- Ya es tarde, me tengo que ir. Un gusto Amanda.
Alejandro se fue a su habitación mientras palpaba con su mano el bolsillo izquierdo de su pantalón, se había salido con las suyas.
Habitación 2709 – Internado La Forêt de Roses - Mañana
Antonia fue abriendo lentamente los ojos. Ya era de día. No estaba en su habitación. Un horrendo dolor de cabeza la atormentó. Se sentó en la cama mientras se cubría con las sábanas. Escuchó correr la ducha, miró a su alrededor, intentó recordar que había pasado, pero pareciera que la mayoría de los recuerdos de la noche se habían borrado de su mente y solo se acordaba de míseros detalles. La ducha dejó de sonar.
Se levantó y comenzó a buscar por el suelo su ropa. La halló e inmediatamente se vistió.
- Al fin despertaste – dijo una voz desde el baño.
- ¿Qué pasó?
- ¿No lo recuerdas?
Del baño salió una figura femenina envuelta en una toalla. Era delgada, alta, tenía el pelo negro, y una mirada que a cualquier hombre del internado masculino le provocaría más que simples cosquillas.
- Yo… no recuerdo nada – decía mientras seguía buscando su ropa.
- Antonia ¿Qué piensas? – dijo acercándose a ella para tocarle su frente – Ya se ha pasado tu fiebre.
- ¿Fiebre?
- Sí, anoche te desmayaste, estabas con fiebre. Vomitaste y tuve que sacarte la ropa; no iba a acostarte con la ropa toda sucia.
- Yo creí que nosotras…
- Tú sabes bien lo que pienso de eso. Te dije que no intentaría nada hasta que te olvidarás de ella.
- Sabes que eso es casi imposible.
- Tan sólo quiero que lo superes, entiende que no volverá.
- Si lo hará – dijo enojada mientras se ponía su ropa.
- ¡Supéralo de una vez!
- Nunca entenderás lo que es ella para mí.
Antonia abandonó la habitación un tanto molesta, dejando a Kate Grant a medio vestir.
Habitación de Amanda / Internado La Forêt de Roses / Mañana
Amanda buscaba desesperadamente el trozo de diario que había arrancado.
- ¡No! ¿Dónde lo dejé? Sé que debe estar por aquí. – dijo para sí misma - Siento que estoy cada día más cerca de la verdad.
Sacó de lo más profundo de su closet una cajita de madera, en su interior había un cuadernito negro lleno de anotaciones sobre una noticia ocurrida el 17 de Mayo.
“Chico desaparece misteriosamente” “La sombras del bosque se llevaron el alma de joven de 17 años” “Extraña muerte de joven pone en aprietos a los internados más prestigiosos del país”
Eran parte de los numerosos títulos de las noticias de diarios sensacionalistas del país. Sebastian Dávila desapareció la noche del 17 de Mayo hace aproximadamente dos años, el cuerpo nunca fue hallado y los sospechosos que nunca fueron anunciados a la luz quedaron en completa libertad. Ni la prensa ni las autoridades pudieron indagar sobre el tema. Los internados y sus grandes influencias en el país lograron opacar el suceso de cualquier modo. Pero para Amanda la desaparición de su hermano la había llevado investigar todo sobre el tema, no se rendiría hasta encontrar a los culpables de su muerte y sabía que su única opción había sido ir a meterse al internado.
Salió de su habitación en el preciso momento en que dos muchachas pasaban conversando.
- Últimamente se han estado reuniendo todos en el Patio Comunitario – comentaba una
- Te apuesto a que solo los más minos van para allá.
¡Alejandro! Pensó. No había parado de soñar con el toda la noche, deseaba con tantas ganas verlo. Caminó por los pasillos cuando chocó con una chica que estaba abandonando su habitación.
- El Patio Comunitario, ¿Sabes cómo llegar? – preguntó Amanda.
- Yo que tú no me iría meter a ese lugar ¿No eres la amiga de Antonia? – preguntó Kate.
- ¿Amiga? Sí, se podría decir, pero no, no la he visto – parecía bastante alterada.
- Te daré un buen consejo, sea cual sea la razón que tengas para ir allá, no vayas.
Amanda la miró con extrañeza y prosiguió su camino en busca de alguien que le dijera como llegar al lugar.
Habitación de Antonia / Internado La Forêt de Roses / Mañana
- ¿Dónde habías estado? – preguntó enojada Susana al ver entrar a Antonia a la pieza.
- Es que yo… fui a buscar a Kate anoche y…
- En fin, cuento tuyo; anoche Ben Frost, el guapísimo Ben Frost, se peleó a combo limpio con un mino de por ahí; y ¡Todo por mí! – comentaba Susana mientras se dejaba caer en su cama - ¿Lo puedes creer? Por mí.
- Ya sabes mi opinión sobre ese tipo.
- Sí, pero nunca me has dicho por qué; así que yo ya decidí y Ben me parece un buen tipo.
- ¡Rayos! Lo olvidé completamente.
- ¿Qué?
- Nada importante, es sólo que tenía que juntarme con alguien hoy.
Antonia apresuradamente salió de la habitación, hoy era su reunión con la “Misteriosa Sombra”, que días atrás había visto a Amanda indagar sobre asuntos que no le correspondían. Caminó tan rápido como pudo para llegar al “Patio Comunitario”.
Patio Comunitario / Internados / Medio Día
Amanda recordó la noche anterior. Alejandro. Algo había en él. A pesar de haber conversado muy poco, le pareció una persona muy distinta, en el buen sentido. No era como todos los chicos que vio en la fiesta, que parecían más interesados en llevarse a las minas a lugares oscuros, que conversar con ellas. Algo en su corazón la impulsó a ir al Patio Comunitario, a pesar de que fue advertida por varias personas, incluyendo a Antonia quien le dijo en reiteradas ocasiones que se mantuviera alejada del lugar. Pero al Patio iban los más osados, y tenía toda la esperanza de encontrar a Alejandro ahí.
Le tomó unos quince minutos llegar, se le hizo fácil luego de haber obtenido las indicaciones de “cómo llegar”. Se fue por unos matorrales sin que nadie la viera, o eso creyó ella. Al llegar quedó impresionada.
No era tan alegre como se lo imaginaba; era una cancha de futbol bastante sucia y abandonada, rodeada por miles de árboles y arbusto mal cuidados. Había gente de ambos internados fumando, otros jalaban. Se podían ver numerosas parejas en situaciones bastantes comprometedoras. Era un mundo totalmente diferente al universo que se vivía en el internado.
Tímidamente, sin alejarse de los matorrales por los que llegó, comenzó a buscar a Alejandro con la mirada. Nada. Unos chicos comenzaron a pelear, el ambiente se empezó a poner muy denso. Invadida por el miedo dio media vuelta y se fue, pero un chico la agarró del brazo.
- ¿Dónde vas? – le dijo acercando su boca al oído de ella.
- ¡Suéltame!
- ¡Hey! Vaya, si eres nueva.
Amanda no dijo nada, miraba el suelo.
- ¿Qué haces solita por estos lados? ¿No te advirtieron de lo que hay por acá?... ¡Ya sé! Vienes por un poco de magia ¿no?
- Solo caminaba y llegué acá ¡Suéltame el brazo y déjame ir!
- Acá no se llega solo – Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro. Estaba bajo el efecto de varias drogas – Y las órdenes no las das tú.
El muchacho la pescó de ambos brazos y la empujó contra un árbol. Ella intentó gritar, pero él alcanzó a taparle la boca. Antes de que su mano intentara bajar por el cuerpo de Amanda, una sombra golpeó al chico en la cabeza. Al caer dejó ver a la sombra. Era Antonia con un pesado trozo de madera entre sus manos. La chica llorando corrió a sus brazos.
- Antonia yo…
- No hables, no es necesario. Vámonos de este lugar.
- Yo so… solo quería… en... encon... trar a Ale... Alejandro y… - decía llorando.
- Tranquila, escucha, sea la cual sea la razón que te trajo aquí, prométeme que no volverás. Te lo advertí, este lugar no es para ti.
Antonia cruzó miradas con Alejandro, su reunión tendría que ser en otro momento.
Pasillos / Internado La Forêt de Roses / Medio día
Regresaron al internado. Antonia dejó a Amanda en su habitación y salió a pensar. Así que conoce a Alejandro, pensó. Ahora las cosas se estaban comenzando a enredar más de lo que debían.
- ¿Y a qué había ido para allá? Antonia se volteó y vio a Kate.
- A Nada que importe realmente.
- Se veía mal cuando volvieron ¿Qué paso allá Antonia?
- Por suerte nada, gracias por avisarme que iría.
- Me imaginé que había ido sin decirle a nadie, suerte que te encontré corriendo por los pasillos, para variar, pero ¿Cómo se va a meter allá? ¿No le advertiste?
- Si lo hice, solo que quería ir donde un tal “Alejandr…”
- Hay un chico. Amanda conoció a alguien…
- El día de la fiesta, supongo.
- Y… ¿Quién es?
- No lo sé y menos me importa.
- ¿Celosa?
- ¡No! ¿Por qué dices eso?
- Por nada. ¡Ya! Para qué me pones esa cara.
- ¿Qué cara? – contestó – No he puesto ninguna cara.
- Ok, no pusiste ninguna; en fin tengo teatro, nos vemos.
Bosque de las Rosas / Internado La Forêt de Roses / Medio día
Antonia tenía muchas cosas que pensar. Decidió ir al Bosque de las Rosas, se tomó su tiempo para llegar. Se dejó caer bajo el Sauce y cerró sus ojos.
- Sigues viéndote igual de hermosa que aquella última vez qu te ví, cuando los rayos de luz que pasan por entre las hojas del Sauce – dijo una voz suave.
Antonia abrió los ojos de golpe quedando totalmente desconcertada. Isabella se encontraba ante ella.


2 comentarios:
Me encantó el capítulo!!! Estuvo demasiado intrigante y pasaron muchas cosas! ¿Qué esconderá Alejandro? quedé muy intrigado con eso, del papel, y que esconde con ANtonia!!
Y Amanda es hermana de ¿Isabella? La chica que desapareció de la cual estaba enamorada Antonia!!! Quizá ella la ayudará a encontrar a su hermana. ¡Ben es un idiota! Me cayó de lo peor.
Me gustaría saber qué actores son los otros persoanjes, me serviría para memorizarlos mejor.
¡un abrazo!
Neutro!!!
Muy buena la historia, estoy esperando el capítulo 4, espero sea pronto.
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