Capítulo 2: ¡Tú otra vez!
>> jueves, 24 de julio de 2008
Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Medio día
Lizette se hallaba dirigiendo a la mayoría de las internas del lugar. La decoración, la música, la comida: todo debía estar perfectamente preparado para mañana viernes, la gran fiesta se avecinaba, y la presidenta del consejo notaba como se le venía encima toda la presión de la fiesta ¡Aún quedaba mucho por hacer!
- Ya, esas cosas las meten allá ¡Oye tú! ¿Qué te dije? Las malditas mesas van en ese sector – gritaba – Si todo para que funcione lo tengo que hacer yo. Estúpidas.
Por la puerta de entrada ingresaron Amanda y una compañera de clases.
- Creo que me estoy arrepintiendo – dijo en voz baja Amanda.
- Ni hablar. Ayudar a Lizette con esto te sumará muchos puntos. Tienes mucho potencial para ser bastante popular en este lugar – una mirada cómplice se cruzó con Lizette.
- Eso no es cierto – respondió tímidamente mirando el suelo, mientras que en su mente pensaba – La popularidad no es ni siquiera la mas mínima de mis intenciones para estar en este internado.
Al alzar la vista pudo notar como Lizette se dirigía hacia ella de una manera bastante amistosa.
- ¡Amanda! Te has decidido venir a ayudarnos, eso es perfecto - se acercó a su oído - Mira no quiero que parezca que te doy privilegios, pero me gustaría que te encargaras de recopilar música. ¡Por favor!
En sus ojos pudo ver que algo más se ocultaba en sus palabras. Amanda parecía ser una chica tímida, tranquila y manipulable; pero sus tempranas vivencias la hicieron una mujer fuerte por dentro. Podía notar cuando alguien le mentía.
- Claro, no hay problema.
Amanda se dirigió hacia las cajas que tenían escrito en su exterior “Música” y comenzó a elegir cuidadosamente las melodías que sonarían mañana por la noche. A lo lejos, Lizette y la muchacha que había llevado al lugar a Amanda comentaban.
- Esta mina debe ser súper manipulable – comentaba la chica.
- Lo más cómico es que Antonia no ha parado de fijarse en ella.
- ¿Tú crees que Antonia sea...?
- Me da lo mismo, pero si puedo usar a la tipa para hacerle la vida imposible a esa mosca muerta, lo haré.
- No entiendo por qué tanta mala…
- Ya cállate y arregla esos adornos, los quiero listos lo antes posible.
Lizette había generado un odio sin razón hacia ella. Según la presidenta las razones estaban claras: el antiguo amor de Ben era Antonia; y por muy tonta que se hiciera, sabía perfectamente que Ben aún seguía enamorado.
Bosque / Internado La Forêt de Roses / Medio día
- ¿Qué hago ahora? Ya no puedo soportarlo. Las cosas han perdido su sentido ¿Por qué te fuiste? – gritó en voz alta hacia el cielo creyendo que nadie la escuchaba. - No me he ido – dijo una voz que Antonia pudo reconocer a la brevedad.
- ¿Qué mierda haces acá? – dijo ella.
- ¡Bah! Tanto tiempo, ¿Qué tipo de recibimiento es ese?
Antonia volteó y ahí estaba él. Ben Frost. Para ella, el maldito que se había encargado de arruinarle aquella noche; para el resto, el chico perfecto.
- Antonia, no seas así.
- ¿Por qué viniste?
- Es que… estoy loco por ti – dijo acercándose a la muchacha.
- ¡Aléjate Ben! No me provoques ¿Qué quieres?
Ella conocía perfectamente a Ben; una mirada penetrante que en el fondo no era más que mentiras y traiciones. Sabía que Ben debía tener una muy buena razón para haberse atrevido a regresar al lugar.
- ¡Cómo detesto este lugar! No sé cómo te gusta tanto. Seré bien sincero…
- Cosa que no es muy común en ti.
- Deberías empezar a ser más amistosa, los rumores sobre ti llegan a los camarines del equipo de fútbol ya. Lizette si que se ha encargado de ensuciar tu reputación – decía riéndose sarcásticamente - ¡Qué irónico que crea que estoy loco por ti!
Antonia se sentía incómoda con la situación, no hallaba la hora de escapar de ella. Pero Ben tenía algo importante que decirle, y ella lo intuía. De pronto la mirada altanera y provocativa de él cambió a una de total sinceridad, ella lo notó.
- Va a regresar
- ¡Qué! ¿Cuándo? – preguntó la muchacha alterada por la noticia.
- No lo sé, solo alcancé a oír eso. Escuché al Decano hablar con la Monja esa que tienen como ser superior – dijo volviendo a ser el mismo Ben de siempre – Como sea, venía a decirte eso.
Antonia ni siquiera alcanzó a dar las gracias cuando Ben ya había desaparecido entre los árboles. Atónita se sentó bajo el Sauce, no podía pensar, no podía sentir; la noticia había paralizado su corazón.
Casino / Internado Forces de Volonté / Noche
La mayoría de los hombres del internado masculino eran altos, musculosos, deportistas; pero el muchacho que reposaba solo sentado en una de las mesas del casino, era diferente. Se paró, tomó su bandeja y la dejó educadamente donde deberían dejarse éstas, ya que la mayoría del tiempo, se encontraban tiradas por todo el casino.
Se puso los audífonos y comenzó a escuchar música. Despistado, como siempre, comenzó a vagar por los pasillos sin rumbo. Fue en un abrir y cerrar de ojos cuando chocó de golpe con Matías.
- Discúlpame, qué volado he sido – dijo ayudando a levantarse a Matías.
- No te preocupes, fue mi culpa – Matías se sacudía el polvo del uniforme cuando levantó la vista para ver al muchacho – Me pareces familiar ¿Nos conocemos?
- Lo dudo – el misterioso chico se alejó apresuradamente del lugar dejando confundido a Matías.
Alejandro era su nombre. Llevaba toda su vida en el internado, más pocos eran los que notaban su presencia. Alto, delgado, de pelo un tanto largo y de un negro intenso. Vestía bien y siempre llevaba una bufanda burdeo a cuadros grises. Matías se había quedado pensando de dónde conocía al chico.
- Mamón – lo interrumpió una voz.
- ¡Ben! ¿Dónde te habías metido?
- Da lo mismo ¡Necesito un vaso de vodka ahora ya!
Matías notó que algo preocupaba a su amigo, y sabía perfectamente que lo único que lo podía impacientar de esa manera era aquella noche del 17 de mayo. No quiso tocar el tema, así que accedió inmediatamente a la petición de Ben. Los dos muchachos se dirigieron a su habitación donde mafiosamente guardaban alcohol.
Biblioteca Central / Ambos Internados / Noche
La Biblioteca Central fue creada entre ambos Internados para lograr un gran centro de estudios. Con una infraestructura antigua, la construcción se imponía antes los alumnos inspirando el deber del estudio. Las reglas dentro del lugar se cumplían al pie de la letra, esto es porque había una cantidad enorme de textos antiguos e información valiosa, dignas de Bibliotecas Nacionales.
Amanda entró sigilosamente, a pesar de que a esta hora no solía haber mucha gente. Se dirigió hacia la sección de noticias y cautelosamente comenzó a sacar los diarios de hace un par de años atrás. Los hojeaba tan obsesivamente, que no se percató que estaba siendo observada.
La misteriosa sombra la había seguido desde que entró a la biblioteca, y la miraba detenidamente. De repente se escuchó por los altoparlantes:
- ¡Atención! La biblioteca cierra en 5 minutos. En 5 minutos más cierra. Por favor, los estudiantes deben abandonar el lugar a la brevedad.
- ¡Pucha! No encontré lo que buscaba – dijo con la vista baja, pudiendo notar así un enunciado que llamó inmediatamente su atención.
Comenzó a leerlo rápidamente, pero un guardia le pidió que se retirara.
- Señorita, le ruego que se retire.
- ¡Por favor deme 5 minutos más!
- Lo siento, las reglas son bien claras acá.
Amanda aprovechó un momento de descuido para sacar la página que necesitaba. Fingió toser para que no se escuchara la hoja al ser arrancada. El guardia no notó nada.
- Pucha, mañana me costará mucho encontrar nuevamente esa hoja – decía mientras pasaba cerca del guardia para ser escuchada.
Una tímida, pero maliciosa sonrisa se posó en su rostro mientras abandonaba la sala para dirigirse a su habitación. La sombra presenció toda la escena, no dudo un segundo en tomar su celular y llamar.
- ¿Alo?
- Antonia, soy yo.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué me llamas?
- Tenemos que hablar
- ¿Dónde? – dijo con duda.
- Encuéntrame el sábado en el patio comunitario – le respondió la voz decididamente.
- Un poco peligrosa tu propuesta.
- Vale la pena.
- ¿A la misma hora de siempre?
- Sí.
La sombra colgó y desapareció tal como apareció; sin que nadie lo notara.
Habitación de Antonia / Internado La Forêt de Roses / Noche
Antonia entró dejándose caer en su cama. Aun seguía desconcertada por la noticia que Ben le había dado hace unas horas. Estuvo toda la tarde en el bosque recordando los momentos que vivió. Ella era una soñadora.
- Hasta que te dignaste a aparecer, desaparecida.
- No tengo ganas de hablar hoy.
- ¿Pasó algo?
- Nada
- No olvides que mañana es la fiesta
- No lo olvido, latera. Tú y tu tonta fiesta. Ya, me iré a dormir mejor. Buenas noches.
- ¿En que andas metida ahora? – murmuró Susana preocupada sin obtener respuesta.
Habitación de Antonia / Internado La Forêt de Roses / Tarde
El lugar era un caos, se escuchaban muchachas corriendo y gritando por todo el pasillo. La gran Fiesta de Bienvenida incluso paralizaba las clases, era el evento social del año. Las chicas del internado se habían pasado toda la mañana en los preparativos para la fiesta, pero Antonia había aprovechado para dormir todo el día. Se despertó por los ruidos. Miró el reloj.
- ¿Esa es la hora? Si que dormí hoy – dijo riendo. Se levantó y notó que no habían rastros de su amiga en la habitación.
De repente Susana entró por la puerta.
- ¿Iras no? – dijo sonriendo.
- Si insistes.
- Ya mal humorada – dijo imitando la voz de Doris en Buscando a Nemo.
Ambas comenzaron a reír.
- Ya, me tengo que ir a arreglar. El baño es un caos, así que iré altiro.
- Ok, yo me quedaré aquí.
Faltaban tan solo algunas horas para el inicio de la fiesta de bienvenida y Antonia aún no mostraba señales de querer asistir; pero la insistencia de su amiga la había terminado por convencer. Había revisado todo su armario y no encontraba nada que ponerse, y es que en realidad no sabía por qué ponía tanto empeño en encontrar la vestimenta perfecta, era solo una fiesta, no habría nadie de su importancia.
Siguió buscando entre sus ropas hasta que halló un papel rosa que envolvía algo; algo suave… ¿ropa? Fue lo primero que se pasó por su mente, y no fue hasta que acercó el papel a su rostro, para sentir su olor, cuando se acordó.
Bosque de las Rosas / Internado La Forêt de Roses / Pasado
Antonia estaba sentada bajo su árbol favorito leyendo un libro. No sintió la llegada de Isabella, quién había corrido para llegar al lugar.
- Me voy; me voy y vengo a despedirme.
Antonia despegó los ojos del libro bruscamente y la miró desconcertada. Pudo verla con los ojos llenos de lágrimas. Llevaba un vestido negro, era precioso, se veía hermosa. Antonia nunca había visto tan arreglada a Isabella, pero su mente no pensó en eso, ni siquiera pudo decir algo. El solo hecho de saber que se iba, la derrumbó, la acabó.
- No hay nada que pueda hacer, yo… Ya lo habíamos hablado, sabíamos que esto se venía venir y yo… No podemos cambiar lo que pasó ese día.
Perfectamente Antonia se acordaba de las mil conversaciones que habían tenido sobre el tema, y en efecto creía que estaba preparada para este momento. Pero al escuchar la simple frase “Me voy”, quedó automáticamente con los ojos llenos de lágrimas. Isabella no quería hacer la despedida más difícil, pero no se resistió y corrió a abrazarla. La sostuvo entre sus brazos con todas sus fuerzas, como nunca la había abrazado.
- Debe haber algo que podamos hacer – dijo Antonia entre sollozos.
Habitación de Antonia / Internado La Forêt de Roses / Tarde
La llegada de Susana a la habitación provocó que Antonia volviera en sí. Al mirar lo que tenía entre sus manos se dio cuenta que era un vestido negro, para Antonia, el vestido negro de la despedida. Isabella lo había dejado ahí para que siempre la recordara, pero para ella no era necesario un vestido para recordarla, el vivo recuerdo latía siempre en su corazón. Las lágrimas no demoraron en comenzar a rodar por el rostro de Antonia.
- ¿Qué pasa? – le preguntó Susana.
- Nada, es solo que… cayó algo en mi ojo, eso es todo.
- ¿Segura?
- Sí
- Entonces te dejo, quedan solo horas para que empiece la fiesta. Cuando termines… ya sabes donde estaré.
Patio del Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Noche
Ben estaba en el patio; apoyado en un árbol se fumaba el último cigarro de su cajetilla. Lo disfrutó hasta el último momento. Se sentía feliz, quería celebrar. Se puso a contemplar las estrellas mientras caía en el recuerdo de ese amor no correspondido, una voz lo saco de sus pensamientos. Una voz dulce, una voz suave, una voz que nunca él había oído. Se imaginó que debía ser de una chica nueva y al mirar hacia el lugar de donde provenía quedó totalmente sorprendido. Ahí estaba ella, una hermosa chica ante sus ojos. Se miró en el reflejo de un charco que se había formado días antes por la lluvia, se arregló el pelo y se dirigió hacia ella, más no alcanzó ni a dar unos cuantos pasos cuando vio que la chica se apresuró en entrar, dejándolo ahí solo. Maldijo al mundo y se preguntó por qué todo se le hacía tan difícil.
Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Noche
A Matías le dio la impresión de que este sería un año estupendo. Como nunca la fiesta de bienvenida estaba completamente repleta, un indudable éxito, y pensar que hace tan solo una hora había comenzado. Se avecinaba una gran noche. Miró a su alrededor y buscó a su amigo, pero no lo halló.
Caminaba de un lado a otro, miraba lo bien que lo pasaba la gente y se sonreía para sí. Se dejó llevar por la música, cerró sus ojos. Sintió la música, escuchó la letra, pero un golpe que sintió en su hombro lo volvió en sí. Susana estaba caminando con su mente en otra parte, se preguntaba dónde estaba su amiga, y no se dio cuenta cuando chocó con Matías.
- ¡Discúlpame! ¡Qué torpe he sido!
- ¡No! Ha sido culpa mía, estaba perdido en la música y no he visto que venías hacia mí.
Ambos rieron y se miraron por algunos segundos, pero a Susana le pareció ver a Antonia entrar a la fiesta y sin ni siquiera despedirse del muchacho se fue donde su amiga. Él la siguió con la mirada, extrañas sensaciones que nunca había sentido lo inundaron.
- La vi
- ¿Qué? – Dijo él, y al voltearse vio a Ben - ¿A quién viste?
- A una hermosa chica. El “cabezón” me dijo que era nueva y se llama Amanda. No se tu, pero yo no conozco a ninguna Lizette en estos momentos.
Una malévola sonrisa se posó en su rostro. Matías lo miró con un poco de desprecio, era su amigo, pero últimamente no se estaba comportando como un verdadero hombre. Engañaba, seducía y controlaba a cuanta mujer quisiera. En cambio él había sido educado implacablemente. En su familia no se toleraban ese tipo de cosas. No quiso seguir pensando en las suciedades que se venían a la mente de Ben y se fue con la excusa de que debía ir al baño.
- Weón – Murmuró Ben – Debería aprender a divertirse en vez de ser tan mamón.
Ben pensaba en la chica que había visto hace poco, la chica buscaba a Susana. Matías pensaba en Susana. Susana buscaba a Antonia, y ¿Antonia?
- ¡Susana! ¡Ahí estas!
- ¡Amanda! Que gusto que te decidieras venir.
- Y que suerte haberte encontrado, me sentía tan sola, conozco a muy poca gente.
- Creí que habías venido con Antonia ¿No está contigo?
- No, me vine sola a la fiesta.
- No vino… que extraño. Se arregló y me dijo que vendría.
- ¿Crees que le pasó algo?
- Espero que no.
La preocupación inundó a Susana. ¿Dónde está Antonia? Miró a todos lados más no la encontró, en cambio, descubrió que el joven con él que había chocado la observaba.
- ¡Hey!
- ¿Qué pasa? – Matías se volteó y vio al chico del otro día.
- ¿Me puedes alcanzar ese vaso? Por favor.
- Emm… Claro, toma.
- Gracias… ee…
- Matías
- Gracias Matías. Por cierto, soy Alejandro. Penúltimo año – dijo sonriendo amablemente.
- Yo voy en último año, que pases una linda noche.
Alejandro desapareció entre la multitud. A Matías le seguía pareciendo extraño el muchacho.
- ¿Se te paso la mamonería? – Lo interrumpió la voz de Ben.
- No voy a dejar que le hagas eso a Lizette.
- No le debo nada a ella.
- Fidelidad.
- ¡Al diablo! La acabo de llamar para terminar con ella.
Matías lo dejó solo, no podía seguir viendo en lo que se transformaba su amigo, la fama se le había ido a los humos. No quería seguir ahí, pero seguía pensando en ella. Lamentablemente decidió irse al oír a Ben gritarle:
- Esa chica será mía ¡Ya verás!
Patio del Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Noche
Amanda se sentía un poco decepcionada. Susana le había hablado maravillas de esta fiesta, pero solo se había dignado a dejarla hablando con unas amigas de ella para irse a buscar a Antonia. Se sentía en un mundo diferente, comenzó a sentir el peso de haberse ido a vivir a otro país y haber dejado todo lo que quería botado. Continuó caminando desconcertada por entre los arbustos. Se adentró entre los árboles, sintió el viento en su rostro, respiró hondo y meditó. Miró al frente y lo vio. Fumaba apoyado de un tronco, no era muy alto, ni tampoco musculoso; pero le llamó la atención. Tenía el pelo oscuro, desordenado. Llevaba una bufanda burdeo a cuadros grises. Lo observó bastante rato, no lograba tomar el valor para acercarse a él. No fue necesario. El chico noto de reojo a la muchacha y levantándose fue donde ella.
- Es una noche un poco fría para andar por estos lados – Le sonrió.
Amanda se sonrojó. Al verlo de cerca noto su indudable belleza, rasgos finos, pero perfectamente definidos.
- Es que la fiesta me pareció un poco aburrida.
- Somos dos entonces.
- Cierto.
No dijeron nada por minutos, ella lo miraba a los ojos, pero el muchacho parecía buscar a otra persona.
- Soy Amanda.
- Amanda, es un gusto. Yo me llamo Alejandro.
Lizette se hallaba dirigiendo a la mayoría de las internas del lugar. La decoración, la música, la comida: todo debía estar perfectamente preparado para mañana viernes, la gran fiesta se avecinaba, y la presidenta del consejo notaba como se le venía encima toda la presión de la fiesta ¡Aún quedaba mucho por hacer!
- Ya, esas cosas las meten allá ¡Oye tú! ¿Qué te dije? Las malditas mesas van en ese sector – gritaba – Si todo para que funcione lo tengo que hacer yo. Estúpidas.
Por la puerta de entrada ingresaron Amanda y una compañera de clases.
- Creo que me estoy arrepintiendo – dijo en voz baja Amanda.
- Ni hablar. Ayudar a Lizette con esto te sumará muchos puntos. Tienes mucho potencial para ser bastante popular en este lugar – una mirada cómplice se cruzó con Lizette.
- Eso no es cierto – respondió tímidamente mirando el suelo, mientras que en su mente pensaba – La popularidad no es ni siquiera la mas mínima de mis intenciones para estar en este internado.
Al alzar la vista pudo notar como Lizette se dirigía hacia ella de una manera bastante amistosa.
- ¡Amanda! Te has decidido venir a ayudarnos, eso es perfecto - se acercó a su oído - Mira no quiero que parezca que te doy privilegios, pero me gustaría que te encargaras de recopilar música. ¡Por favor!
En sus ojos pudo ver que algo más se ocultaba en sus palabras. Amanda parecía ser una chica tímida, tranquila y manipulable; pero sus tempranas vivencias la hicieron una mujer fuerte por dentro. Podía notar cuando alguien le mentía.
- Claro, no hay problema.
Amanda se dirigió hacia las cajas que tenían escrito en su exterior “Música” y comenzó a elegir cuidadosamente las melodías que sonarían mañana por la noche. A lo lejos, Lizette y la muchacha que había llevado al lugar a Amanda comentaban.
- Esta mina debe ser súper manipulable – comentaba la chica.
- Lo más cómico es que Antonia no ha parado de fijarse en ella.
- ¿Tú crees que Antonia sea...?
- Me da lo mismo, pero si puedo usar a la tipa para hacerle la vida imposible a esa mosca muerta, lo haré.
- No entiendo por qué tanta mala…
- Ya cállate y arregla esos adornos, los quiero listos lo antes posible.
Lizette había generado un odio sin razón hacia ella. Según la presidenta las razones estaban claras: el antiguo amor de Ben era Antonia; y por muy tonta que se hiciera, sabía perfectamente que Ben aún seguía enamorado.
Bosque / Internado La Forêt de Roses / Medio día
- ¿Qué hago ahora? Ya no puedo soportarlo. Las cosas han perdido su sentido ¿Por qué te fuiste? – gritó en voz alta hacia el cielo creyendo que nadie la escuchaba. - No me he ido – dijo una voz que Antonia pudo reconocer a la brevedad.
- ¿Qué mierda haces acá? – dijo ella.
- ¡Bah! Tanto tiempo, ¿Qué tipo de recibimiento es ese?
Antonia volteó y ahí estaba él. Ben Frost. Para ella, el maldito que se había encargado de arruinarle aquella noche; para el resto, el chico perfecto.
- Antonia, no seas así.
- ¿Por qué viniste?
- Es que… estoy loco por ti – dijo acercándose a la muchacha.
- ¡Aléjate Ben! No me provoques ¿Qué quieres?
Ella conocía perfectamente a Ben; una mirada penetrante que en el fondo no era más que mentiras y traiciones. Sabía que Ben debía tener una muy buena razón para haberse atrevido a regresar al lugar.
- ¡Cómo detesto este lugar! No sé cómo te gusta tanto. Seré bien sincero…
- Cosa que no es muy común en ti.
- Deberías empezar a ser más amistosa, los rumores sobre ti llegan a los camarines del equipo de fútbol ya. Lizette si que se ha encargado de ensuciar tu reputación – decía riéndose sarcásticamente - ¡Qué irónico que crea que estoy loco por ti!
Antonia se sentía incómoda con la situación, no hallaba la hora de escapar de ella. Pero Ben tenía algo importante que decirle, y ella lo intuía. De pronto la mirada altanera y provocativa de él cambió a una de total sinceridad, ella lo notó.
- Va a regresar
- ¡Qué! ¿Cuándo? – preguntó la muchacha alterada por la noticia.
- No lo sé, solo alcancé a oír eso. Escuché al Decano hablar con la Monja esa que tienen como ser superior – dijo volviendo a ser el mismo Ben de siempre – Como sea, venía a decirte eso.
Antonia ni siquiera alcanzó a dar las gracias cuando Ben ya había desaparecido entre los árboles. Atónita se sentó bajo el Sauce, no podía pensar, no podía sentir; la noticia había paralizado su corazón.
Casino / Internado Forces de Volonté / Noche
La mayoría de los hombres del internado masculino eran altos, musculosos, deportistas; pero el muchacho que reposaba solo sentado en una de las mesas del casino, era diferente. Se paró, tomó su bandeja y la dejó educadamente donde deberían dejarse éstas, ya que la mayoría del tiempo, se encontraban tiradas por todo el casino.
Se puso los audífonos y comenzó a escuchar música. Despistado, como siempre, comenzó a vagar por los pasillos sin rumbo. Fue en un abrir y cerrar de ojos cuando chocó de golpe con Matías.
- Discúlpame, qué volado he sido – dijo ayudando a levantarse a Matías.
- No te preocupes, fue mi culpa – Matías se sacudía el polvo del uniforme cuando levantó la vista para ver al muchacho – Me pareces familiar ¿Nos conocemos?
- Lo dudo – el misterioso chico se alejó apresuradamente del lugar dejando confundido a Matías.
Alejandro era su nombre. Llevaba toda su vida en el internado, más pocos eran los que notaban su presencia. Alto, delgado, de pelo un tanto largo y de un negro intenso. Vestía bien y siempre llevaba una bufanda burdeo a cuadros grises. Matías se había quedado pensando de dónde conocía al chico.
- Mamón – lo interrumpió una voz.
- ¡Ben! ¿Dónde te habías metido?
- Da lo mismo ¡Necesito un vaso de vodka ahora ya!
Matías notó que algo preocupaba a su amigo, y sabía perfectamente que lo único que lo podía impacientar de esa manera era aquella noche del 17 de mayo. No quiso tocar el tema, así que accedió inmediatamente a la petición de Ben. Los dos muchachos se dirigieron a su habitación donde mafiosamente guardaban alcohol.
Biblioteca Central / Ambos Internados / Noche
La Biblioteca Central fue creada entre ambos Internados para lograr un gran centro de estudios. Con una infraestructura antigua, la construcción se imponía antes los alumnos inspirando el deber del estudio. Las reglas dentro del lugar se cumplían al pie de la letra, esto es porque había una cantidad enorme de textos antiguos e información valiosa, dignas de Bibliotecas Nacionales.
Amanda entró sigilosamente, a pesar de que a esta hora no solía haber mucha gente. Se dirigió hacia la sección de noticias y cautelosamente comenzó a sacar los diarios de hace un par de años atrás. Los hojeaba tan obsesivamente, que no se percató que estaba siendo observada.
La misteriosa sombra la había seguido desde que entró a la biblioteca, y la miraba detenidamente. De repente se escuchó por los altoparlantes:
- ¡Atención! La biblioteca cierra en 5 minutos. En 5 minutos más cierra. Por favor, los estudiantes deben abandonar el lugar a la brevedad.
- ¡Pucha! No encontré lo que buscaba – dijo con la vista baja, pudiendo notar así un enunciado que llamó inmediatamente su atención.
Comenzó a leerlo rápidamente, pero un guardia le pidió que se retirara.
- Señorita, le ruego que se retire.
- ¡Por favor deme 5 minutos más!
- Lo siento, las reglas son bien claras acá.
Amanda aprovechó un momento de descuido para sacar la página que necesitaba. Fingió toser para que no se escuchara la hoja al ser arrancada. El guardia no notó nada.
- Pucha, mañana me costará mucho encontrar nuevamente esa hoja – decía mientras pasaba cerca del guardia para ser escuchada.
Una tímida, pero maliciosa sonrisa se posó en su rostro mientras abandonaba la sala para dirigirse a su habitación. La sombra presenció toda la escena, no dudo un segundo en tomar su celular y llamar.
- ¿Alo?
- Antonia, soy yo.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué me llamas?
- Tenemos que hablar
- ¿Dónde? – dijo con duda.
- Encuéntrame el sábado en el patio comunitario – le respondió la voz decididamente.
- Un poco peligrosa tu propuesta.
- Vale la pena.
- ¿A la misma hora de siempre?
- Sí.
La sombra colgó y desapareció tal como apareció; sin que nadie lo notara.
Habitación de Antonia / Internado La Forêt de Roses / Noche
Antonia entró dejándose caer en su cama. Aun seguía desconcertada por la noticia que Ben le había dado hace unas horas. Estuvo toda la tarde en el bosque recordando los momentos que vivió. Ella era una soñadora.
- Hasta que te dignaste a aparecer, desaparecida.
- No tengo ganas de hablar hoy.
- ¿Pasó algo?
- Nada
- No olvides que mañana es la fiesta
- No lo olvido, latera. Tú y tu tonta fiesta. Ya, me iré a dormir mejor. Buenas noches.
- ¿En que andas metida ahora? – murmuró Susana preocupada sin obtener respuesta.
Habitación de Antonia / Internado La Forêt de Roses / Tarde
El lugar era un caos, se escuchaban muchachas corriendo y gritando por todo el pasillo. La gran Fiesta de Bienvenida incluso paralizaba las clases, era el evento social del año. Las chicas del internado se habían pasado toda la mañana en los preparativos para la fiesta, pero Antonia había aprovechado para dormir todo el día. Se despertó por los ruidos. Miró el reloj.
- ¿Esa es la hora? Si que dormí hoy – dijo riendo. Se levantó y notó que no habían rastros de su amiga en la habitación.
De repente Susana entró por la puerta.
- ¿Iras no? – dijo sonriendo.
- Si insistes.
- Ya mal humorada – dijo imitando la voz de Doris en Buscando a Nemo.
Ambas comenzaron a reír.
- Ya, me tengo que ir a arreglar. El baño es un caos, así que iré altiro.
- Ok, yo me quedaré aquí.
Faltaban tan solo algunas horas para el inicio de la fiesta de bienvenida y Antonia aún no mostraba señales de querer asistir; pero la insistencia de su amiga la había terminado por convencer. Había revisado todo su armario y no encontraba nada que ponerse, y es que en realidad no sabía por qué ponía tanto empeño en encontrar la vestimenta perfecta, era solo una fiesta, no habría nadie de su importancia.
Siguió buscando entre sus ropas hasta que halló un papel rosa que envolvía algo; algo suave… ¿ropa? Fue lo primero que se pasó por su mente, y no fue hasta que acercó el papel a su rostro, para sentir su olor, cuando se acordó.
Bosque de las Rosas / Internado La Forêt de Roses / Pasado
Antonia estaba sentada bajo su árbol favorito leyendo un libro. No sintió la llegada de Isabella, quién había corrido para llegar al lugar.
- Me voy; me voy y vengo a despedirme.
Antonia despegó los ojos del libro bruscamente y la miró desconcertada. Pudo verla con los ojos llenos de lágrimas. Llevaba un vestido negro, era precioso, se veía hermosa. Antonia nunca había visto tan arreglada a Isabella, pero su mente no pensó en eso, ni siquiera pudo decir algo. El solo hecho de saber que se iba, la derrumbó, la acabó.
- No hay nada que pueda hacer, yo… Ya lo habíamos hablado, sabíamos que esto se venía venir y yo… No podemos cambiar lo que pasó ese día.
Perfectamente Antonia se acordaba de las mil conversaciones que habían tenido sobre el tema, y en efecto creía que estaba preparada para este momento. Pero al escuchar la simple frase “Me voy”, quedó automáticamente con los ojos llenos de lágrimas. Isabella no quería hacer la despedida más difícil, pero no se resistió y corrió a abrazarla. La sostuvo entre sus brazos con todas sus fuerzas, como nunca la había abrazado.
- Debe haber algo que podamos hacer – dijo Antonia entre sollozos.
Habitación de Antonia / Internado La Forêt de Roses / Tarde
La llegada de Susana a la habitación provocó que Antonia volviera en sí. Al mirar lo que tenía entre sus manos se dio cuenta que era un vestido negro, para Antonia, el vestido negro de la despedida. Isabella lo había dejado ahí para que siempre la recordara, pero para ella no era necesario un vestido para recordarla, el vivo recuerdo latía siempre en su corazón. Las lágrimas no demoraron en comenzar a rodar por el rostro de Antonia.
- ¿Qué pasa? – le preguntó Susana.
- Nada, es solo que… cayó algo en mi ojo, eso es todo.
- ¿Segura?
- Sí
- Entonces te dejo, quedan solo horas para que empiece la fiesta. Cuando termines… ya sabes donde estaré.
Patio del Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Noche
Ben estaba en el patio; apoyado en un árbol se fumaba el último cigarro de su cajetilla. Lo disfrutó hasta el último momento. Se sentía feliz, quería celebrar. Se puso a contemplar las estrellas mientras caía en el recuerdo de ese amor no correspondido, una voz lo saco de sus pensamientos. Una voz dulce, una voz suave, una voz que nunca él había oído. Se imaginó que debía ser de una chica nueva y al mirar hacia el lugar de donde provenía quedó totalmente sorprendido. Ahí estaba ella, una hermosa chica ante sus ojos. Se miró en el reflejo de un charco que se había formado días antes por la lluvia, se arregló el pelo y se dirigió hacia ella, más no alcanzó ni a dar unos cuantos pasos cuando vio que la chica se apresuró en entrar, dejándolo ahí solo. Maldijo al mundo y se preguntó por qué todo se le hacía tan difícil.
Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Noche
A Matías le dio la impresión de que este sería un año estupendo. Como nunca la fiesta de bienvenida estaba completamente repleta, un indudable éxito, y pensar que hace tan solo una hora había comenzado. Se avecinaba una gran noche. Miró a su alrededor y buscó a su amigo, pero no lo halló.
Caminaba de un lado a otro, miraba lo bien que lo pasaba la gente y se sonreía para sí. Se dejó llevar por la música, cerró sus ojos. Sintió la música, escuchó la letra, pero un golpe que sintió en su hombro lo volvió en sí. Susana estaba caminando con su mente en otra parte, se preguntaba dónde estaba su amiga, y no se dio cuenta cuando chocó con Matías.
- ¡Discúlpame! ¡Qué torpe he sido!
- ¡No! Ha sido culpa mía, estaba perdido en la música y no he visto que venías hacia mí.
Ambos rieron y se miraron por algunos segundos, pero a Susana le pareció ver a Antonia entrar a la fiesta y sin ni siquiera despedirse del muchacho se fue donde su amiga. Él la siguió con la mirada, extrañas sensaciones que nunca había sentido lo inundaron.
- La vi
- ¿Qué? – Dijo él, y al voltearse vio a Ben - ¿A quién viste?
- A una hermosa chica. El “cabezón” me dijo que era nueva y se llama Amanda. No se tu, pero yo no conozco a ninguna Lizette en estos momentos.
Una malévola sonrisa se posó en su rostro. Matías lo miró con un poco de desprecio, era su amigo, pero últimamente no se estaba comportando como un verdadero hombre. Engañaba, seducía y controlaba a cuanta mujer quisiera. En cambio él había sido educado implacablemente. En su familia no se toleraban ese tipo de cosas. No quiso seguir pensando en las suciedades que se venían a la mente de Ben y se fue con la excusa de que debía ir al baño.
- Weón – Murmuró Ben – Debería aprender a divertirse en vez de ser tan mamón.
Ben pensaba en la chica que había visto hace poco, la chica buscaba a Susana. Matías pensaba en Susana. Susana buscaba a Antonia, y ¿Antonia?
- ¡Susana! ¡Ahí estas!
- ¡Amanda! Que gusto que te decidieras venir.
- Y que suerte haberte encontrado, me sentía tan sola, conozco a muy poca gente.
- Creí que habías venido con Antonia ¿No está contigo?
- No, me vine sola a la fiesta.
- No vino… que extraño. Se arregló y me dijo que vendría.
- ¿Crees que le pasó algo?
- Espero que no.
La preocupación inundó a Susana. ¿Dónde está Antonia? Miró a todos lados más no la encontró, en cambio, descubrió que el joven con él que había chocado la observaba.
- ¡Hey!
- ¿Qué pasa? – Matías se volteó y vio al chico del otro día.
- ¿Me puedes alcanzar ese vaso? Por favor.
- Emm… Claro, toma.
- Gracias… ee…
- Matías
- Gracias Matías. Por cierto, soy Alejandro. Penúltimo año – dijo sonriendo amablemente.
- Yo voy en último año, que pases una linda noche.
Alejandro desapareció entre la multitud. A Matías le seguía pareciendo extraño el muchacho.
- ¿Se te paso la mamonería? – Lo interrumpió la voz de Ben.
- No voy a dejar que le hagas eso a Lizette.
- No le debo nada a ella.
- Fidelidad.
- ¡Al diablo! La acabo de llamar para terminar con ella.
Matías lo dejó solo, no podía seguir viendo en lo que se transformaba su amigo, la fama se le había ido a los humos. No quería seguir ahí, pero seguía pensando en ella. Lamentablemente decidió irse al oír a Ben gritarle:
- Esa chica será mía ¡Ya verás!
Patio del Gimnasio / Internado La Forêt de Roses / Noche
Amanda se sentía un poco decepcionada. Susana le había hablado maravillas de esta fiesta, pero solo se había dignado a dejarla hablando con unas amigas de ella para irse a buscar a Antonia. Se sentía en un mundo diferente, comenzó a sentir el peso de haberse ido a vivir a otro país y haber dejado todo lo que quería botado. Continuó caminando desconcertada por entre los arbustos. Se adentró entre los árboles, sintió el viento en su rostro, respiró hondo y meditó. Miró al frente y lo vio. Fumaba apoyado de un tronco, no era muy alto, ni tampoco musculoso; pero le llamó la atención. Tenía el pelo oscuro, desordenado. Llevaba una bufanda burdeo a cuadros grises. Lo observó bastante rato, no lograba tomar el valor para acercarse a él. No fue necesario. El chico noto de reojo a la muchacha y levantándose fue donde ella.
- Es una noche un poco fría para andar por estos lados – Le sonrió.
Amanda se sonrojó. Al verlo de cerca noto su indudable belleza, rasgos finos, pero perfectamente definidos.
- Es que la fiesta me pareció un poco aburrida.
- Somos dos entonces.
- Cierto.
No dijeron nada por minutos, ella lo miraba a los ojos, pero el muchacho parecía buscar a otra persona.
- Soy Amanda.
- Amanda, es un gusto. Yo me llamo Alejandro.


3 comentarios:
Muy buen capítulo!!
Me siguen gustando tus descripciones, ya sea para los lugares como para los personajes... eso logra que me los imagine muy bien!
Me llamó la atención Alejandro :O
Ben... el típico macho alfa agrandado, me carga él.
Felicitaciones Gabita!
Espero el tercero :)
Me gustó mucho el capítulo! Las descripciones siguen siendo muy buenas! Tuve una duda sí, en la parte que Amanda va a la biblioteca y luego sale pero dices que Antonia habla por teléfono, no entendí al final cuál de las dos era.
Felicitaciones GAby! Me imagino que Matías tiene un secreto muy extraño. Y me parece que a Antonia le gustaba Isabella.
Suerte
Neutro.
Gracias por los comentarios (: ! Y por leerla ^^
Neutro, quien llama a Antonia es la sombra que estaba espiando a Amanda (: Asiq a fin de cuentas es un dialogo entre Antonia y la Sombra
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