Capítulo 1: La Chica Nueva
>> viernes, 25 de julio de 2008
CAPÍTULO 1
LA CHICA NUEVA
Habitación de Antonia / Internado La Forêt de Roses / Mañana
Apresuradamente se levantó, miró a su alrededor y pensó “Este año no…” Tan solo había pasado una semana desde que regresó al internado, para terminar su último año, y ya se estaba quedando dormida. Nunca había sido buena para levantarse temprano, solía decir que su reloj biológico ya no funcionaba como debía.
Se vistió lo más rápido que pudo, mientras hojeaba por última vez el escrito por el cual ayer se había desvelado; tenía durante la tarde un importante examen y no podía bajar sus notas, no en el último año. Luego de salir del baño, se percató de que su compañera de habitación no estaba, de seguro ya se había ido a clases… “Que ingrata, ni siquiera me despertó”.
El internado “La Forêt de Roses” era uno de los más prestigiosos del país. Situado en una exclusiva ubicación, lejos de la cuidad, el internado creaba el ambiente perfecto para que sus estudiantes salieran con honores de ahí. En él se podía encontrar diversos tipos de mujeres; hijas de influyentes políticos, de empresarios, deportistas reconocidas y un sin número de destacadas estudiantes. Sin duda alguna el sueño de cualquier chica del país era pasar sus años estudiantiles entre esas paredes.
Al mirar su reloj Antonia se dio cuenta de que si no empezaba a correr no llegaría a tiempo. Torpemente tomó las llaves de la habitación, pero éstas resbalaron como si de un trozo de seda se tratara. Se agachó para recogerlo y ahí lo vio. El cuadernillo negro, debajo de su cama; lo tomó con miedo, lo abrió en una hoja al azar, miró de reojo…
REGRESERÁ…
Sus ojos se abrieron con una expresión de terror.
- Es lo que más deseo y me aterra al mismo tiempo – dijo con dolor al leer aquellas letras en el cuaderno. Su corazón se aceleró y a su mente regresaron recuerdos que había tratado de borrar. Cerró sus ojos, cerró su mente, cerró el cuadernillo y lo arrojó con miedo debajo de la cama; a ese rincón que uno nunca llega.
7.59 am “Debo comenzar a correr si deseo llegar a tiempo”. Lo hizo; corrió como nunca lo había hecho, y por primera vez, se dio cuenta de que los pasillos del edificio ya se los sabía de memoria. “Incluso si cierro los ojos lograré llegar” pensó.
- Es lo que más deseo y me aterra al mismo tiempo – dijo con dolor al leer aquellas letras en el cuaderno. Su corazón se aceleró y a su mente regresaron recuerdos que había tratado de borrar. Cerró sus ojos, cerró su mente, cerró el cuadernillo y lo arrojó con miedo debajo de la cama; a ese rincón que uno nunca llega.
7.59 am “Debo comenzar a correr si deseo llegar a tiempo”. Lo hizo; corrió como nunca lo había hecho, y por primera vez, se dio cuenta de que los pasillos del edificio ya se los sabía de memoria. “Incluso si cierro los ojos lograré llegar” pensó.
Aula A-3 / Internado La Forêt de Roses / Mañana
- Llega justo a tiempo señorita Lettelier - dijo la profesora.
- Sí, justo a tiempo – ella le respondió sonriendo. Se sentó y miro a Susana, su compañera de habitación.
- Te intenté despertar tantas veces – susurró Susana.
- Si para la próxima vez es necesario que me arrojes un balde con agua… ¡hazlo!
Ambas rieron llamando la atención de la profesora.
- Antonia, Susana; ¿Quieren contarnos a todas el chistecito? Como sea, señoritas, este año tenemos a una compañera nueva, viene de otro país, espero que le hagan grata su bienvenida. Srta. Dávila, por favor pase…
Antonia miró hacia el umbral de la puerta, y ahí la vio por primera vez. No era muy alta, pero tenía unos rasgos hermosos. Llevaba el pelo suelto, era de un castaño intenso que hacían resaltar sus bellos ojos celestes. La muchacha se sentó en el único asiento disponible, al lado derecho de ella. Sonrió al pasar.
Por alguna extraña razón, su mirada provocó que una serie de recuerdos volvieran a la mente de Antonia, recuerdos que si bien eran lindos, de igual manera escondían su lado oscuro. La voz de la profesora la sacó de sus recuerdos.
- Pórtense bien, iré a hablar con el Director.
El aula quedó sin ningún supervisor y Antonia nuevamente quedó sumergida en aquellos recuerdos; recuerdos que la cambiaron; que la ayudaron a descubrir una parte de sí que no conocía; recuerdos que también marcaron su vida negativamente. “Si tan solo pudiera volver” se decía. Ella nunca quiso que aquello terminara de esa manera, pero el destino y el tiempo sí.
- ¡Hey! ¡Despierta! – dijo Susana. Había notado que su amiga andaba volando y la despertó - Nunca había visto esa mirada tan perdida en ella - pensó.
Si bien Susana conoció a Antonia hace tan solo un año, la amistad que surgió entre ambas fue muy fuerte, aún así no había logrado conocer sobre el pasado de su amiga.
Pasillos / Internado Forces de Volonté / Mañana
El chico caminaba desesperadamente de un lado a otro, mientras miraba una de las puertas del pasillo. “Dpto. de Deportes”. Llevaba esperando más de una hora. De pronto alguien salió de ahí…
- ¿Y, qué paso al final? – Preguntó aún más desesperado.
- ¡Lo eres! ¡Eres el nuevo capitán del equipo! – Le respondió su amigo felicitándolo – Capitán Frost ¡Hoy es tu noche!
- Matías, más que mi noche, es la noche en que el equipo, nuestro equipo, resurgirá del fondo – respondió seguro de sí mismo.
Ambos rieron. Ben Frost era uno de los chicos más populares de “Forces de Volonté”. Era alto, delgado y tonificado. Cabellos castaños, mirada decidida e intimidante, rasgos masculinos que denotaban que lo que se proponía, lo conseguía. Llevaba toda una vida en ese colegio, y al fin se había cumplido una de sus metas: ser el capitán del prestigiado equipo de fútbol del colegio, que por momentos, pasaba por una etapa de derrotas. Él sabía que podría sacar de ahí al equipo. Además era el presidente del consejo estudiantil y pareja de Lizette Dzoara ¿Qué más podía pedir? Popularidad, éxito y una relación bien encaminada.
Aula A-3 / Internado La Forêt de Roses / Mañana
- Antonia… ¿Cómo crees que es la chica nueva?
- ¿Simpática? – Respondió entre media dormida y media despierta.
- Deberíamos conocerla, hablar con ella. Sería lamentable que se fuera con “tú ya sabes quién”. Una pérdida total.
- Si, tienes razón. Ok, mira, observa esto…
Antonia se acercó a la muchacha nueva, quien ya estaba conversando con la “Bitch Queen” de la clase. Presidenta del consejo estudiantil, aquella chica no tenía la intención de caerle bien al mundo, simplemente quería ser la mejor. Y hasta el momento lo había logrado, tenía buenas notas y estaba emparejada con el presidente estudiantil de “Forces de Volonté”, el internado masculino más próximo al Forêt. En fin, Lizette Dzoara, había logrado llegar a la cima de la popularidad escolar, pero eso no la convertía en una mujer agradable.
- ¡Vamos Princesita! No le estarás metiendo ideas malévolas ya a la chica nueva – dijo Antonia a Lizette.
- ¡Vaya! Si no es la chica buena de la clase – respondió con burla.
- Srta. Dávila… Dávila, creo que era ¿no? Si quiere pasar un último año desapercibida y sin enemigos, le recomiendo que se aleje de estas víboras.
- No soy yo la del pasado oscuro Antonia, pero tú sí – atacó Lizette con una mirada de desprecio.
- Pasado de cual todos hablan, pero nadie se atreve a decirme, o sea, pura mentira.
La presidenta se retiró sin antes decirle algo al oído a la novata.
- No te conviene ser su amiga – susurró.
Antonia no alcanzó a oír, pero se imaginó que clase de comentarios debió haber hecho. Dzoara era un apellido influyente en el país, todos sabían que era la hija de un magnate empresarial, dueño de la mitad del internado; meterse con la chica era como el suicido social; pero eso nunca detuvo a Antonia, ella había logrado llegar ahí por excelentes notas y no iba a dejarse pisotear por una niñita mimada.
Habitación de Ben / Internado Forces de Volonté / Mañana
Al regresar a su habitación se miró al espejo. Hoy era su noche, su polola no estaba y quería celebrar su triunfo. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro. Era verdad, Lizette estaba tan ocupada organizando la Fiesta de Bienvenida, que lo más probable es que no se juntara con Ben en esos días. Tenía la necesidad de celebrar, era una victoria importante en su vida estudiantil; así pensaba y de esta forma justificaría el comportamiento que tendría esta noche; para su conciencia, aquél pensamiento bastaba.
No le costaría mucho conseguir alguna chica que quisiera divertirse con él. Año tras año nunca le faltaban las pretendientes, es verdad, Ben era un chico apuesto, pero no siempre tuvo lo que quiso, o más bien a la que quiso. Y en tan solo unos segundos, aquella sonrisa maliciosa que se posaba en su rostro se esfumó, y una cara de rabia y tristeza, junto con el recuerdo de aquel rechazo regresaron al presente.
Él la conoció años atrás. Nada se sabía de ella, pero para Ben eso no era ningún impedimento. No se podía negar lo tan extrañamente hermosa que era la muchacha; las mujeres la envidiaban y los hombres la deseaban, pero nunca nadie le conoció un hombre en su vida. Su vida la convertía en una mujer misteriosa, no se sabía nada de su familia y menos de ella, pero nada detuvo a Ben, y luego de haber hablado un par de veces con ella, hizo lo que cualquier chico esperaba hacer…
Patio comunitario / Bosque / Pasado
- Yo se que… mira… es difícil, pero… hay algo que debo decirte. – Tartamudeó. Que Ben estuviera nervioso ya era extraño; algo en esta chica lo descolocaba.
- Ben, no vale la pena.
- No, de verdad, por favor déjame hacerlo – La tomo del brazo.
- Basta, no lo hagas – Ella se apartó. Intentaba detener a toda costa su declaración, pero Ben no se rendía.
- Me gust…
- ¡No! – Interrumpió la muchacha – Ben, yo no soy como todos creen, yo… yo no te quiero como algo más que un amigo, yo…
- Hay otra persona ¿cierto? ¿Quién es el imbécil? – Respondió enojado.
- ¿Por qué siempre tiene que haber una tercera persona? No, no la hay y punto, esto se acaba aquí, Ben… búscate una que te quiera y no una que te haga quedar bien.
Ella se fue y dejó con el corazón destrozado a Ben; no fue fácil superarlo, de hecho con el rechazo cayó en una profunda obsesión secreta; la seguía cada vez que podía, tenía a chicas dentro del internado para que la vigilaran. Sabía en casi todo momento donde estaba y qué hacía. Continuó con sus declaraciones, con todo lo que un hombre podía hacer por conquistar a una mujer, pero ella lo rechazó una y otra vez, y crecía aún más la obsesión por ella.
- Basta Ben, no lo intentes más ¿Cómo te lo hago entender?
- No me rendiré así como así, dime quien es…
- ¿Por qué insistes en que hay alguien?
- Porque lo puedo ver en tus ojos – gritó enfurecido.
- Entonces no tienes nada más que hacer – respondió desafiante – No hay nadie Ben, ya basta.
- Eso lo veremos – dijo decidido.
Ella no respondió, y Ben desapareció entre las sombras. Sabía cómo era Ben, y no quería que nada le pasara a esa persona que había robado su corazón aquella fría mañana de otoño. Era de esas personas solitarias. Un día caminando por los terrenos había descubierto el Bosque de las Rosas. Muchas historias terroríficas se contaban de él, pero la belleza del lugar la fue cautivando y atrayendo más y más. Desde que lo vio, éste se convirtió en su espacio favorito para reflexionar, iba casi todos los días.
Por allá, cuando las hojas comenzaban a caer y el viento a soplar, fue el día en que conoció a esa persona. Aunque en un principio se mostró agresiva, bastó que viera su rostro para que esa agresividad se esfumara y naciera el amor. Luego de ese suceso no había dejado de hacer “encuentros casuales”, a los que la persona siempre se mostraba dispuesta a aceptar; claramente el amor, que un principio fue extraño, fue creciendo y desarrollándose en el Bosque de las Rosas.
Patio / Internado La Forêt de Roses / Mañana
Antonia y Susana se encontraban bajo la sombra de un árbol; en su banca favorita.
- Irás a la fiesta de bienvenida, ¿no? – Preguntó Susana, su amiga.
- ¿Es necesario? Sabes bien que no me gustan esas fiestas, menos si tengo que verlo a él.
- ¿Fiesta? – Interrumpió una voz que Antonia no pudo identificar hasta voltear la cabeza y darse cuenta de que era Amanda Dávila.
- Sí, una fiesta, de bienvenida; más que nada para conocernos mejor, y que las nuevas internas conozcan a los internos de allá y viceversa – Dijo Susana coquetamente.
- ¿Y cuándo sería? Debe ser entretenido conocer a los minos del internado – preguntó Amanda interesada
- ¡Mañana! ¿Vienes? – preguntó Susana, mirando de reojo a Antonia.
- ¡Claro! Que entrete, más aún si ustedes van – dijo Amanda.
- Antonia, y ¿Vienes tú?
- Tú tendrás que hacerme evitar a toda costa a ese imbécil. – murmuró Antonia – Ni siquiera sé por qué iré.
Se paró de la banca y se alejó del lugar.
- ¿Pasa algo? – preguntó Amanda un tanto inquieta.
- Nada, no te preocupes. Antonia es una persona muy solitaria, el año pasado nos conocimos. No es de hablar mucho con la gente, y menos de contar sus cosas. No tengo idea porqué quiere evitar a ese mino.
- ¿Hay minos guapos en ese colegio?
- Muchos – dijo entusiasmada – muchos, muchos.
Antes de que Antonia desapareciera de la vista de ambas, Susana gritó:
- Cuidado con el alma del Desaparecido; dicen que hace tiempo no ve mujeres – con cara de cómplice, luego comenzó a reír.
- No deberías jugar con eso – le gritó Antonia mientras desaparecía.
- ¿El Desaparecido? – preguntó inquieta Amanda.
- Es una leyenda, una historia. No sé por qué Antonia se pone tan seria con ese tema.
- ¿De qué se trata?
- Nada, hace un par de años desapareció un mino del Internado masculino. Algunos dicen que se fugó porque no soportaba la presión del colegio y de su familia. Otros dicen que se suicidio, que lo mataron… Hay muchas teorías al respecto.
- ¿Y la verdad?
- Los de allá arriba dijeron que fue trasladado. Lo raro es que todas sus pertenencias quedaron en la habitación. ¿Sospechoso no? Muchos dicen haber visto su alma caminar por el bosque – decía Susana con un tono que no buscaba nada más que asustar a Amanda.
- No quisiera entrar en ese bosque, que valiente es Antonia. – dijo Amanda con temor
- ¿Valiente? ¡Loca! Querrás decir…
Bosque / Internado La Forêt de Roses / Medio día
Antonia se asomó a la entrada del bosque; más adentro, en lo más oscuro de él, se encontraba un gran secreto, sólo el recuerdo del pasado habitaba el lugar.
El bosque conectaba ambos internados. Al sureste de él se hallaba el Patio Comunitario, un lugar dónde solían reunirse a conversar los hombres y mujeres de ambos internados. Lamentablemente las cosas comenzaron a salirse de control, y finalmente terminaron por prohibir las juntas en él. Eso no impedía que se juntara gente allí; ya no era lo mismo de antes. Las drogas, el alcohol y el sexo se habían apoderado del lugar.
Pero Antonia no se dirigía hacia el sureste, al contrario… Caminó hacia el lugar donde la llevaba su corazón, no sabía por qué quería ir, pero algo le decía que lo hiciera. Llego rápidamente.
Empezó a recordar cosas, a dejarse llevar por la belleza del lugar. El Bosque de las Rosas era misteriosamente hermoso. Estaba repleto de ancestrales árboles, troncos gruesos, las numerosas líneas hacían denotar la edad de ellos. Las abundantes hojas permitían un pequeño paso de luz, el cual se asemejaba a un atardecer eterno. Abajo, cerca del suelo, habían extrañas rosas de colores que pocas veces suelen verse; intensos púrpuras con tonalidades negras, impresionantes turquesas color mar, una mezcla perfecta que daba total serenidad al ambiente. Y en el centro de todo, un imponente y viejo sauce, en el que ella solía sentarse a reflexionar.
- ¿Qué hago ahora? Ya no puedo soportarlo. Las cosas han perdido su sentido ¿Por qué te fuiste? – gritó en voz alta hacia el cielo creyendo que nadie la escuchaba.
- No me he ido – dijo una voz que Antonia pudo reconocer a la brevedad.
- Llega justo a tiempo señorita Lettelier - dijo la profesora.
- Sí, justo a tiempo – ella le respondió sonriendo. Se sentó y miro a Susana, su compañera de habitación.
- Te intenté despertar tantas veces – susurró Susana.
- Si para la próxima vez es necesario que me arrojes un balde con agua… ¡hazlo!
Ambas rieron llamando la atención de la profesora.
- Antonia, Susana; ¿Quieren contarnos a todas el chistecito? Como sea, señoritas, este año tenemos a una compañera nueva, viene de otro país, espero que le hagan grata su bienvenida. Srta. Dávila, por favor pase…
Antonia miró hacia el umbral de la puerta, y ahí la vio por primera vez. No era muy alta, pero tenía unos rasgos hermosos. Llevaba el pelo suelto, era de un castaño intenso que hacían resaltar sus bellos ojos celestes. La muchacha se sentó en el único asiento disponible, al lado derecho de ella. Sonrió al pasar.
Por alguna extraña razón, su mirada provocó que una serie de recuerdos volvieran a la mente de Antonia, recuerdos que si bien eran lindos, de igual manera escondían su lado oscuro. La voz de la profesora la sacó de sus recuerdos.
- Pórtense bien, iré a hablar con el Director.
El aula quedó sin ningún supervisor y Antonia nuevamente quedó sumergida en aquellos recuerdos; recuerdos que la cambiaron; que la ayudaron a descubrir una parte de sí que no conocía; recuerdos que también marcaron su vida negativamente. “Si tan solo pudiera volver” se decía. Ella nunca quiso que aquello terminara de esa manera, pero el destino y el tiempo sí.
- ¡Hey! ¡Despierta! – dijo Susana. Había notado que su amiga andaba volando y la despertó - Nunca había visto esa mirada tan perdida en ella - pensó.
Si bien Susana conoció a Antonia hace tan solo un año, la amistad que surgió entre ambas fue muy fuerte, aún así no había logrado conocer sobre el pasado de su amiga.
Pasillos / Internado Forces de Volonté / Mañana
El chico caminaba desesperadamente de un lado a otro, mientras miraba una de las puertas del pasillo. “Dpto. de Deportes”. Llevaba esperando más de una hora. De pronto alguien salió de ahí…
- ¿Y, qué paso al final? – Preguntó aún más desesperado.
- ¡Lo eres! ¡Eres el nuevo capitán del equipo! – Le respondió su amigo felicitándolo – Capitán Frost ¡Hoy es tu noche!
- Matías, más que mi noche, es la noche en que el equipo, nuestro equipo, resurgirá del fondo – respondió seguro de sí mismo.
Ambos rieron. Ben Frost era uno de los chicos más populares de “Forces de Volonté”. Era alto, delgado y tonificado. Cabellos castaños, mirada decidida e intimidante, rasgos masculinos que denotaban que lo que se proponía, lo conseguía. Llevaba toda una vida en ese colegio, y al fin se había cumplido una de sus metas: ser el capitán del prestigiado equipo de fútbol del colegio, que por momentos, pasaba por una etapa de derrotas. Él sabía que podría sacar de ahí al equipo. Además era el presidente del consejo estudiantil y pareja de Lizette Dzoara ¿Qué más podía pedir? Popularidad, éxito y una relación bien encaminada.
Aula A-3 / Internado La Forêt de Roses / Mañana
- Antonia… ¿Cómo crees que es la chica nueva?
- ¿Simpática? – Respondió entre media dormida y media despierta.
- Deberíamos conocerla, hablar con ella. Sería lamentable que se fuera con “tú ya sabes quién”. Una pérdida total.
- Si, tienes razón. Ok, mira, observa esto…
Antonia se acercó a la muchacha nueva, quien ya estaba conversando con la “Bitch Queen” de la clase. Presidenta del consejo estudiantil, aquella chica no tenía la intención de caerle bien al mundo, simplemente quería ser la mejor. Y hasta el momento lo había logrado, tenía buenas notas y estaba emparejada con el presidente estudiantil de “Forces de Volonté”, el internado masculino más próximo al Forêt. En fin, Lizette Dzoara, había logrado llegar a la cima de la popularidad escolar, pero eso no la convertía en una mujer agradable.
- ¡Vamos Princesita! No le estarás metiendo ideas malévolas ya a la chica nueva – dijo Antonia a Lizette.
- ¡Vaya! Si no es la chica buena de la clase – respondió con burla.
- Srta. Dávila… Dávila, creo que era ¿no? Si quiere pasar un último año desapercibida y sin enemigos, le recomiendo que se aleje de estas víboras.
- No soy yo la del pasado oscuro Antonia, pero tú sí – atacó Lizette con una mirada de desprecio.
- Pasado de cual todos hablan, pero nadie se atreve a decirme, o sea, pura mentira.
La presidenta se retiró sin antes decirle algo al oído a la novata.
- No te conviene ser su amiga – susurró.
Antonia no alcanzó a oír, pero se imaginó que clase de comentarios debió haber hecho. Dzoara era un apellido influyente en el país, todos sabían que era la hija de un magnate empresarial, dueño de la mitad del internado; meterse con la chica era como el suicido social; pero eso nunca detuvo a Antonia, ella había logrado llegar ahí por excelentes notas y no iba a dejarse pisotear por una niñita mimada.
Habitación de Ben / Internado Forces de Volonté / Mañana
Al regresar a su habitación se miró al espejo. Hoy era su noche, su polola no estaba y quería celebrar su triunfo. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro. Era verdad, Lizette estaba tan ocupada organizando la Fiesta de Bienvenida, que lo más probable es que no se juntara con Ben en esos días. Tenía la necesidad de celebrar, era una victoria importante en su vida estudiantil; así pensaba y de esta forma justificaría el comportamiento que tendría esta noche; para su conciencia, aquél pensamiento bastaba.
No le costaría mucho conseguir alguna chica que quisiera divertirse con él. Año tras año nunca le faltaban las pretendientes, es verdad, Ben era un chico apuesto, pero no siempre tuvo lo que quiso, o más bien a la que quiso. Y en tan solo unos segundos, aquella sonrisa maliciosa que se posaba en su rostro se esfumó, y una cara de rabia y tristeza, junto con el recuerdo de aquel rechazo regresaron al presente.
Él la conoció años atrás. Nada se sabía de ella, pero para Ben eso no era ningún impedimento. No se podía negar lo tan extrañamente hermosa que era la muchacha; las mujeres la envidiaban y los hombres la deseaban, pero nunca nadie le conoció un hombre en su vida. Su vida la convertía en una mujer misteriosa, no se sabía nada de su familia y menos de ella, pero nada detuvo a Ben, y luego de haber hablado un par de veces con ella, hizo lo que cualquier chico esperaba hacer…
Patio comunitario / Bosque / Pasado
- Yo se que… mira… es difícil, pero… hay algo que debo decirte. – Tartamudeó. Que Ben estuviera nervioso ya era extraño; algo en esta chica lo descolocaba.
- Ben, no vale la pena.
- No, de verdad, por favor déjame hacerlo – La tomo del brazo.
- Basta, no lo hagas – Ella se apartó. Intentaba detener a toda costa su declaración, pero Ben no se rendía.
- Me gust…
- ¡No! – Interrumpió la muchacha – Ben, yo no soy como todos creen, yo… yo no te quiero como algo más que un amigo, yo…
- Hay otra persona ¿cierto? ¿Quién es el imbécil? – Respondió enojado.
- ¿Por qué siempre tiene que haber una tercera persona? No, no la hay y punto, esto se acaba aquí, Ben… búscate una que te quiera y no una que te haga quedar bien.
Ella se fue y dejó con el corazón destrozado a Ben; no fue fácil superarlo, de hecho con el rechazo cayó en una profunda obsesión secreta; la seguía cada vez que podía, tenía a chicas dentro del internado para que la vigilaran. Sabía en casi todo momento donde estaba y qué hacía. Continuó con sus declaraciones, con todo lo que un hombre podía hacer por conquistar a una mujer, pero ella lo rechazó una y otra vez, y crecía aún más la obsesión por ella.
- Basta Ben, no lo intentes más ¿Cómo te lo hago entender?
- No me rendiré así como así, dime quien es…
- ¿Por qué insistes en que hay alguien?
- Porque lo puedo ver en tus ojos – gritó enfurecido.
- Entonces no tienes nada más que hacer – respondió desafiante – No hay nadie Ben, ya basta.
- Eso lo veremos – dijo decidido.
Ella no respondió, y Ben desapareció entre las sombras. Sabía cómo era Ben, y no quería que nada le pasara a esa persona que había robado su corazón aquella fría mañana de otoño. Era de esas personas solitarias. Un día caminando por los terrenos había descubierto el Bosque de las Rosas. Muchas historias terroríficas se contaban de él, pero la belleza del lugar la fue cautivando y atrayendo más y más. Desde que lo vio, éste se convirtió en su espacio favorito para reflexionar, iba casi todos los días.
Por allá, cuando las hojas comenzaban a caer y el viento a soplar, fue el día en que conoció a esa persona. Aunque en un principio se mostró agresiva, bastó que viera su rostro para que esa agresividad se esfumara y naciera el amor. Luego de ese suceso no había dejado de hacer “encuentros casuales”, a los que la persona siempre se mostraba dispuesta a aceptar; claramente el amor, que un principio fue extraño, fue creciendo y desarrollándose en el Bosque de las Rosas.
Patio / Internado La Forêt de Roses / Mañana
Antonia y Susana se encontraban bajo la sombra de un árbol; en su banca favorita.
- Irás a la fiesta de bienvenida, ¿no? – Preguntó Susana, su amiga.
- ¿Es necesario? Sabes bien que no me gustan esas fiestas, menos si tengo que verlo a él.
- ¿Fiesta? – Interrumpió una voz que Antonia no pudo identificar hasta voltear la cabeza y darse cuenta de que era Amanda Dávila.
- Sí, una fiesta, de bienvenida; más que nada para conocernos mejor, y que las nuevas internas conozcan a los internos de allá y viceversa – Dijo Susana coquetamente.
- ¿Y cuándo sería? Debe ser entretenido conocer a los minos del internado – preguntó Amanda interesada
- ¡Mañana! ¿Vienes? – preguntó Susana, mirando de reojo a Antonia.
- ¡Claro! Que entrete, más aún si ustedes van – dijo Amanda.
- Antonia, y ¿Vienes tú?
- Tú tendrás que hacerme evitar a toda costa a ese imbécil. – murmuró Antonia – Ni siquiera sé por qué iré.
Se paró de la banca y se alejó del lugar.
- ¿Pasa algo? – preguntó Amanda un tanto inquieta.
- Nada, no te preocupes. Antonia es una persona muy solitaria, el año pasado nos conocimos. No es de hablar mucho con la gente, y menos de contar sus cosas. No tengo idea porqué quiere evitar a ese mino.
- ¿Hay minos guapos en ese colegio?
- Muchos – dijo entusiasmada – muchos, muchos.
Antes de que Antonia desapareciera de la vista de ambas, Susana gritó:
- Cuidado con el alma del Desaparecido; dicen que hace tiempo no ve mujeres – con cara de cómplice, luego comenzó a reír.
- No deberías jugar con eso – le gritó Antonia mientras desaparecía.
- ¿El Desaparecido? – preguntó inquieta Amanda.
- Es una leyenda, una historia. No sé por qué Antonia se pone tan seria con ese tema.
- ¿De qué se trata?
- Nada, hace un par de años desapareció un mino del Internado masculino. Algunos dicen que se fugó porque no soportaba la presión del colegio y de su familia. Otros dicen que se suicidio, que lo mataron… Hay muchas teorías al respecto.
- ¿Y la verdad?
- Los de allá arriba dijeron que fue trasladado. Lo raro es que todas sus pertenencias quedaron en la habitación. ¿Sospechoso no? Muchos dicen haber visto su alma caminar por el bosque – decía Susana con un tono que no buscaba nada más que asustar a Amanda.
- No quisiera entrar en ese bosque, que valiente es Antonia. – dijo Amanda con temor
- ¿Valiente? ¡Loca! Querrás decir…
Bosque / Internado La Forêt de Roses / Medio día
Antonia se asomó a la entrada del bosque; más adentro, en lo más oscuro de él, se encontraba un gran secreto, sólo el recuerdo del pasado habitaba el lugar.
El bosque conectaba ambos internados. Al sureste de él se hallaba el Patio Comunitario, un lugar dónde solían reunirse a conversar los hombres y mujeres de ambos internados. Lamentablemente las cosas comenzaron a salirse de control, y finalmente terminaron por prohibir las juntas en él. Eso no impedía que se juntara gente allí; ya no era lo mismo de antes. Las drogas, el alcohol y el sexo se habían apoderado del lugar.
Pero Antonia no se dirigía hacia el sureste, al contrario… Caminó hacia el lugar donde la llevaba su corazón, no sabía por qué quería ir, pero algo le decía que lo hiciera. Llego rápidamente.
Empezó a recordar cosas, a dejarse llevar por la belleza del lugar. El Bosque de las Rosas era misteriosamente hermoso. Estaba repleto de ancestrales árboles, troncos gruesos, las numerosas líneas hacían denotar la edad de ellos. Las abundantes hojas permitían un pequeño paso de luz, el cual se asemejaba a un atardecer eterno. Abajo, cerca del suelo, habían extrañas rosas de colores que pocas veces suelen verse; intensos púrpuras con tonalidades negras, impresionantes turquesas color mar, una mezcla perfecta que daba total serenidad al ambiente. Y en el centro de todo, un imponente y viejo sauce, en el que ella solía sentarse a reflexionar.
- ¿Qué hago ahora? Ya no puedo soportarlo. Las cosas han perdido su sentido ¿Por qué te fuiste? – gritó en voz alta hacia el cielo creyendo que nadie la escuchaba.
- No me he ido – dijo una voz que Antonia pudo reconocer a la brevedad.

5 comentarios:
Te voy a ser sincero, no me gustan las historias de jovencitos de colegio gringo PERO me encantó tu manera de relatar los hechos. De verdad que me metí en la lectura de una forma súper genial. Así que te seguiré leyendo!!!
Felicidades... estaré pendiente!
NeilC
Por fiin...!! xD
Me encantó tu historia Gabita!! :tie:
Me gustaron mucho tus relatos, las forma de entrelazar las historias y las descripciones que dabas de cada personaje.
Es un primer capítulo redondito y eso se agradece.
Me gustaron todos los personajes y ya quiero ver como los enredas más, sobretodo a Amanda!
Estaré pendiente por el segundo capítulo!
Ah otra cosa. Felicitaciones por los afiches, el blog y todo. Me gustó lo prolijo y ordenado que se ve todo. Da gusto leer! Eso :)
NiKoX
wow, en realidad me parecio una historia bastante interesante, espero con ansias el 2do capitul. Me encantaron las descripciones de los lugares, una historia realemnte imaginable.
Te felicitoo dpwhr
Muy bueno :) espero el segundo capitulo Gabi! Al fin puedo leer la historia.
Muy bien desarrollado el recuerdo del pasado, me agradó la historia ^^ recordé entre gossip girl y una serie japonesa de internados. Falta más desarrollo de los personajes pero se entiende, como es primer capítulo... guardaré el blog en marcadores y seguiré la historia con continuidad. Saludos.
Gerald.
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